jueves, 31 de marzo de 2016

LA ALACENA
(Texto del discurso de la defensa sobre la propuesta normativa presentada por los claustrales de ADIUS al Claustro del día 30 de marzo de 2016)

Una alacena. Cuando era pequeño, mis padres, en mi querida Úbeda natal, tenían una alacena. Esa alacena, era un lugar casi mitológico para mí y mis siete hermanos y hermanas, pues en ella, mis padres guardaban todo aquello de valor que consideraban que no debía caer en nuestras manos. La alacena, nos obligaba a exprimir nuestro ingenio hasta límites insospechados, pues cuanto más alto conseguíamos llegar, a veces incluso jugándonos el tipo, más arriba y más al fondo escondían mis padres esos objetos tan deseados por nosotros.

         Compañeras y compañeros claustrales, no se pueden imaginar ustedes lo que me he acordado durante los últimos cuatro años de esa alacena, objeto codiciado de mi infancia. Porque me he sentido, y me siento otra vez a día de hoy, como aquel niño que luchaba por conseguir algo muy preciado, pero todos sus esfuerzos eran en vano, pues siempre que estaba a punto de conseguirlo, se presentaba ante mí un obstáculo aún mayor. Cuatro años luchando junto con muchos otros compañeros y compañeras por algo tan justo, tan lógico, tan sano, tan democrático, tan universitario en definitiva, por qué no decirlo, como es que se cumplan las normas de las que nosotros mismos nos hemos dotado, que se pueda pedir que algo se trate y se debata, reuniendo los requisitos necesarios para ello… y dicho debate y votación tengan lugar, sea cual sea su resultado.

         Aunque soy consciente de que lo anterior no supone un argumento en sí mismo, he querido que sea mi primer alegato a favor del sufragio universal y de la propuesta que estoy defendiendo, y sobre todo, un homenaje a todos aquellos compañeros y compañeras, de todos los sectores, estudiantes, PDI y PAS, que llevan años luchando, ya ni siquiera por el sufragio como forma de elección del Rector, sino por su dignidad como miembros de esta universidad, como representantes, no de segunda como a veces nos han querido hacer sentir, sino de primerísima fila. A todas ellas y ellos les digo, que finalmente, tras muchos esfuerzos, y algún que otro chichón, conseguí alcanzar mi tesoro en la alacena. Va por vosotros y vosotras.

         Ahora, debería comenzar a defender nuestra propuesta, a hablarles del sufragio universal como la mejor forma para elegir al futuro rector o rectora de nuestra Universidad… pero no puedo… Y no puedo, porque hay algo más importante, más básico, más primordial de lo que hablarles y que afrontar antes del sistema de elección… y ese algo no es otra cosa que RESPETO. Respeto por nuestras instituciones, respeto hacia este Claustro y lo que representa, respeto por las normas de las que nosotras y nosotros nos hemos dotado haciendo uso de ese recurso tan valioso, y tan denostado por desgracia como es la autonomía universitaria. Respeto hacia aquellas personas a las que representamos porque depositaron su confianza en nosotros, respeto por aquellas ideas, opiniones o propuestas que, aún no siendo compartidas, deben ser tratadas con el mismo respeto institucional con el que se tratan aquellas que parten con el beneplácito del gobierno de la institución.

         Si no hay RESPETO (y si pudieran ver estos papeles que estoy leyendo podrían comprobar que esa palabra la tengo escrita en mayúsculas) hacia el máximo órgano de representación de nuestra Universidad, no tiene sentido que sigamos discutiendo sobre cualquier otro asunto. Y a este claustro, a todas y todos nosotros, a todos y cada uno de sus miembros, se les viene faltando el respeto desde hace ya demasiado tiempo. El Claustro es nuestro parlamento universitario, el órgano en el que recae la responsabilidad legislativa, y por lo tanto, el único responsable de cualquier modificación de nuestras normas. Y es una práctica habitual en cualquier democracia moderna, que a sus órganos legislativos lleguen durante un mandato, multitud de proyectos de ley, provenientes de cualquier grupo, los cuales unos son rechazados y otros no. Les voy a dar un dato, durante el último mandato del congreso de los diputados, se presentaron 219 proposiciones de ley, de las cuales la gran mayoría fueron rechazadas tras su trámite correspondiente de debate, enmienda y votación. Y la gran mayoría, 211, provenían de grupos de la oposición que a pesar de la mayoría absoluta que ostentaba el partido gobernante, elaboraron, presentaron y defendieron sus proyectos en el Parlamento, pues ésa era su obligación y ésa es la práctica habitual en cualquier sistema democrático. En nuestra Universidad, en los últimos 4 años, sólo se ha presentado una propuesta normativa que no partía del gobierno de la Universidad, y todos ustedes ya saben cuál es. Y dicha propuesta, aún a día de hoy, no ha llegado a este claustro para su debate, enmienda, y votación. ¿Qué pensarían ustedes de un gobierno que impidiese sistemáticamente que todas aquellas propuestas que no fueran de su beneplácito o no surgieran del propio gobierno llegasen a ser debatidas y votadas? ¿Qué nombre o adjetivo le pondríamos?

         Se le ha faltado el respeto, no a los 124 claustrales que presentaron la solicitud de reforma del Estatuto hace ya cuatro años, no nos engañemos, sino a todo el Claustro en su conjunto, y por ende a toda la Universidad de Sevilla. Y no nos engañemos, hoy, en esta sesión, en este Claustro, continúa y se acentúa esa falta de respeto. Porque aquí hoy, seguimos sin debatir y votar esa propuesta con los procedimientos y garantías que nos ofrece nuestra propia normativa. Les lanzo otra pregunta de política ficción si me lo permiten ¿Qué pensarían de un país en el que su presidente dimitiera, el mismo parlamento eligiese a un nuevo presidente y éste llegase y decidiese eliminar de un plumazo todas las reformas ya presentadas e incluso tramitadas previamente por el parlamento que le ha elegido, y no sólo eso, sino que fuese él el único que decidiese qué temas legislativos se podrían debatir y tratar a partir de ese momento, poniendo además como condición, que sólo aquellos que fueran aprobados en un nuevo procedimiento inventado por él, incierto y carente de garantías legales, podrían ser elevados y tomados en consideración posteriormente, imponiéndolos incluso sobre otras reformas o proyectos de ley presentados anteriormente. Pues eso exactamente es lo que está ocurriendo hoy aquí.

         ¿Por qué hay tanto miedo a comportarnos como cualquier órgano democrático moderno? ¿Por qué tanto miedo a que lleguen a este Claustro propuestas que no parten del gobierno de la Universidad? ¿Por qué tanto miedo a aceptar que, cuando se trata del Claustro, las cosas no deben ni tienen por qué ser siempre cómo y cuándo decide el Rector, sino cómo y cuándo deciden los claustrales?

         Nos estamos dejando faltar el respeto como órgano de representación y como institución. Llevamos demasiado tiempo viendo pasear desnudo al emperador ante nosotros, entre el silencio cómplice de la mayoría. Yo, hoy, con todo el respeto, les pido que pierdan el miedo, que se atrevan a decirle al emperador que está desnudo. Ni siquiera les pido que apoyen el sufragio como forma de elección de nuestro futuro rector o rectora, sino que simplemente, con valentía, alcen su voz y reclamen el respeto que esta Universidad y su máximo órgano de representación se merecen, y permitamos que este órgano lleve a cabo sus funciones sin interferencias, y con la más absoluta normalidad democrática.

         Como Universidad, deberíamos ser un referente, un ejemplo de comportamiento democrático ante la sociedad, pues hoy más que nunca es lo que se espera de nosotros… y estamos dando un espectáculo bochornoso. Yo hoy quiero ser el primero que desde esta tribuna le diga al emperador que no me creo que vaya vestido con su flamante traje nuevo confeccionado con las más exquisitas vestiduras democráticas… sino que va desnudo. Señor Rector, usted, que pidió disculpas precisamente por el tratamiento injusto, incorrecto, denigrante que sufrió la propuesta de reforma del Estatuto presentada hace ya cuatro años, debería haber enmendado dicho error si sus disculpas fuesen sinceras, y haber permitido que esa propuesta, y no otras, ni acompañadas de otros temas que nada tienen que ver, llegase por fin a este pleno y pudiera ser debatida, enmendada y votada, con toda la dignidad y las garantías que nos ofrece nuestra propia normativa. Pero usted, señor Rector, pretende liquidar la cuestión sobre el sistema de elección del rector o rectora, algo que bien sabe que tiene divida, partida en dos a esta institución desde hace mucho tiempo, en una sesión express de este claustro, junto con otras muchas cuestiones y propuestas, relacionadas más directa o indirectamente con la elección por sufragio o por el claustro, cuestiones que además han sido propuestas y elegidas por usted y sólo por usted, y que ni tan siquiera han sido sometidas a la consideración de la Mesa del Claustro que es el órgano que supuestamente está dirigiendo y regulando este nuevo sistema de reforma inventado por usted.

         Yo hoy le digo al emperador que va desnudo, que usted no es un rector valiente, Sr. Castro. Porque si fuese un rector valiente, hubiese zanjado definitivamente la cuestión sobre el sistema de elección optando por una de las dos únicas formas posibles que usted sabe que hay para hacerlo: trayendo a este claustro de forma exclusiva la propuesta de reforma que pedía la vuelta del sufragio universal tal como le pidieron hace cuatro años en cumplimiento de nuestra normativa 124 claustrales, y que por si hubiera alguna duda, volvimos a solicitar 90 claustrales antes de ayer, o haciendo una  consulta a toda la comunidad universitaria. Usted no es un rector valiente, porque si lo fuera, hubiese comunicado e informado sobre todo este extraño procedimiento de reforma que se ha inventado a todos y cada uno de los miembros de la comunidad universitaria, y no sólo a los claustrales. Usted no es un rector valiente, porque si lo fuera, ante una cuestión de tanta trascendencia, y que bien sabe usted que ha abierto una enorme brecha institucional, se hubiera sentado a dialogar de forma sincera para cerrarla y buscar vías de solución.

         Sr. Castro, Miguel Ángel, aún está a tiempo de hacer que me trague mis palabras, y con toda humildad le pido que yo tenga que volver a alzar la voz dentro de poco para decir que me equivocaba, que usted es un rector valiente, muy valiente.

         Compañeras y compañeros claustrales, no nos dejemos engañar, lo que hoy está ocurriendo no es el debate que llevamos tanto tiempo esperando sobre el sistema de elección del rector o rectora. Aunque sólo sea porque algunas de las propuestas presentadas, aprovechan la modificación del sistema de elección para introducir aspectos que nada tienen que ver con el mismo, como la modificación de los porcentajes de representación en el claustro, con un drástico recorte a los claustrales del sector B. Y sobre todo, éste no es el debate ni la forma de hacerlo, porque tras el mismo habrá una votación de la que aún desconocemos tan siquiera las preguntas que se nos formularán, y que dependiendo del resultado de la misma, podría ocurrir que una propuesta de reforma normativa elevada a este claustro con todos los requisitos y garantías legales que se requieren, hace ya cuatro años, o dos días, como lo prefieran, se guarde definitivamente en un cajón y nunca llegue a término. Incluso aunque la mayoría del Claustro prefiriese la elección indirecta a través de este órgano, como mejor forma para elegir a nuestro rector o rectora, una propuesta legal en sentido opuesto, presentada en tiempo y forma, merece y debe ser tomada en consideración por este claustro, al igual que lo son los cientos de proyectos de ley que se presentan en el parlamento durante su mandato, por parte de grupos no mayoritarios, y que son tramitados, debatidos, y llegado el caso, rechazados. Y eso es democracia pura y dura. Porque con ese trámite, los diputados de los grupos parlamentarios, aunque sean minoritarios, cumplen con su sagrada función de elevar al órgano depositario de la soberanía popular, aquellas propuestas en las que han confiado los miles o millones de personas que les han votado, y que merecen, al menos, ser escuchadas.

Estamos tan convencidos de que éste no es el momento, ni son las formas, que ante la situación de desamparo que muchos consideramos que venimos padeciendo a este respecto, les anuncio que desde ADIUS hemos acudido a la Defensora Universitaria solicitando su amparo, y en breve haremos lo mismo ante el Defensor del Pueblo Andaluz.

         La propuesta que mis compañeras y compañeros me han pedido que defienda hoy, es muy sencilla, tan sencilla, como que ni siquiera pide que confíen en el sufragio como mejor forma de elección del rector o rectora, sino que pide que por fin ese tema se trate esa cuestión en este claustro con la dignidad y garantías que se merece. Por ese motivo, y porque no creemos en este extraño sistema de reforma inventado por el sr. Rector, en nuestra propuesta no se incluyen ninguno del resto de aspectos sometidos a consideración. Se presenta la misma propuesta que ya se presentó hace cuatro años, se pide que se traiga por fin al Claustro en cumplimiento de nuestra normativa, y propone modificar aquellos artículos y apartados del Estatuto y otras normas relacionadas imprescindibles para que dicho cambio pueda tener lugar, y manteniendo los mismos porcentajes de ponderación por sectores que existen en el claustro actual. Con esta propuesta, el valor del voto total de cada sector, seguiría siendo el mismo que con el sistema actual de elección indirecta. Compañeras y compañeros del sector C: en los últimos meses he escuchado muchos comentarios sobre el temor a que con el sufragio, el voto de los estudiantes perdiese valor con respecto al sistema actual, en absoluto es así con la propuesta que defendemos, y no sólo no es así, sino que en una elección por sufragio y manteniendo la misma ponderación que hay en la actualidad, el voto de los estudiantes de la Universidad de Sevilla seguiría siendo el que más peso tiene entre todas las universidad de nuestro país.

         Que yo les diga que creo firmemente en que el sufragio es la mejor forma de entre las dos que permite actualmente nuestra legislación, no es ningún secreto, ya me conocen y me han escuchado y leído en multitud de ocasiones, y no es algo que no tenga valor en sí mismo. Pero quizás sí tiene valor el hecho de que cada persona de nuestra comunidad universitaria tenga la oportunidad de decidir libremente por el programa de gobierno que crea que es mejor para nuestra institución, sin tener que depender de la buena voluntad de que sus claustrales electos le trasladen dicha pregunta. Quizás también tiene valor esto que tengo en mis manos: hace cuatro meses, lancé una recogida de firmas en el portal change.org pidiendo al futuro rector o rectora y a los miembros del claustro de nuestra Universidad, la vuelta del sufragio universal como forma de elección de su máximo representante. En el día de ayer, se superó la cifra de 1500 firmas. Son más de 1500 firmas con nombre y apellidos, que aquí y en este momento les dejo, pues van dirigidas a todos nosotros. Podrán considerar que son muchas o que son pocas comparadas con la cantidad de personas que forman parte de nuestra comunidad universitaria, pero a los que piensen esto último, les invito, les aseguro que sin ningún tipo de soberbia, a que inicien una recogida similar en el sentido contrario. La elección del rector o rectora por parte del claustro es una elección “a ciegas”, que ni siquiera se solucionaría con la tan ansiada y necesaria sincronización de mandatos, pues realmente cuando uno vota a sus claustrales no se sabe qué candidatos o candidatas se presentarán posteriormente a rector o rectora. La elección por sufragio universal facilitaría la proliferación de candidatos, y por lo tanto, de programas, enriqueciendo el debate y la sana y libre confrontación de ideas y modelos de universidad. Y también me gustaría recordarles, si ustedes me lo permiten, que si se volviese a la elección por sufragio universal, el Claustro continuaría asumiendo el resto de todas y cada una de las funciones que tiene en la actualidad, y que no son pocas ni menores, incluyendo la de controlar la acción de gobierno del rector o rectora.

         Pero hoy, compañeras y compañeros claustrales, me resisto a pedirles que crean en el sufragio universal como mejor forma de elección, y sí me atrevo a pedirles un acto de valentía y de generosidad. Si creen en el sufragio, valentía para defenderlo democráticamente y por los cauces legales establecidos para ello, y si legítimamente prefieren la elección por claustro, también les pido valentía y generosidad para comprender y apoyar lo que les voy a anunciar a continuación. En coherencia con todo lo expuesto anteriormente, vamos a retirar la propuesta que presentamos en su momento, para darle toda la carga de fuerza moral, legítima y legal a la propuesta que realmente la debe tener, que es la que se presentó hace cuatro años, y de nuevo hace tan sólo dos días por parte de noventa miembros de este claustro, de varios sectores distintos. Les pido al menos respeto por esta decisión, aunque sólo sea porque es la decisión de los claustrales de ADIUS que representan a más de la mitad del profesorado de esta universidad, encuadrado en el sector B.

         No estamos rehuyendo ni evitando en absoluto el debate. De hecho, durante muchos años, hemos sido los únicos que hemos alzado la voz en un desierto institucional, pidiendo que se abordase y se tratase esta cuestión. Pero como ya he comentado anteriormente, sincera y honradamente creemos que es lo que debemos hacer: que aquí se traiga la propuesta presentada en tiempo y forma en su momento, siguiendo los cauces que dicta nuestra normativa y con el respeto que se merece.


         Como aún conservo buena parte del espíritu de ese niño que de pequeño luchaba por alcanzar su tesoro en lo alto de la alacena, no pierdo la esperanza de que pueda por fin llegar el momento en el que se devuelva el respeto perdido a este claustro durante estos últimos años, y podamos volver a vernos debatiendo sobre la mejor forma de elección del rector o rectora. Les emplazamos por lo tanto a dicho momento para debatir con entusiasmo, con rigor y con lealtad institucional, sobre las ventajas e inconvenientes de cada uno de los dos sistemas de elección posibles, con la propuesta emanada de claustro encima de la mesa. Y llegado el momento de la votación posterior, les puedo asegurar, que si este Claustro vota mayoritariamente en contra de la elección por sufragio universal, podrán verme a mí el primero levantarme y aplaudir el resultado con toda sinceridad, y congratularme, junto con todos ustedes, porque al fin, este Claustro se habrá ganado a pulso…. Su RESPETO. Muchas gracias

domingo, 6 de marzo de 2016

¡Ay mi Universidad de Sevilla!

¡Ay mi Universidad de Sevilla​! que ahí avanzas, a trancas y barrancas, con mucho de buena voluntad, con un plus de vocación, con mucho amor por la institución de esa mayoría silenciosa que te quiere a sabiendas, o sin saberlo...
¡Ay mi Universidad de Sevilla!, que cuando te conozco hasta la entraña, veo en tu gente ganas, pasión, entrega... el legado de cinco siglos de amor por la educación, por la investigación, una herencia impagable que sus gentes predican por el mundo orgullosas de esa tierra que también sabe hacer ciencia...
¡Ay mi Universidad de Sevilla! Que podrías estar en el cielo y te condenan a los infiernos de la mediocridad por un poco de poder, de continuismo, de fatua vanidad, del vacuo reconocimiento del hoy que nos hipoteca el mañana...
¡Ay mi Universidad de Sevila! que podrías hacer grande a esta Andalucía nuestra a la que canta Sabina a su vejez, pero te utilizan para pagar con calderilla los sueños de oro y platino de sus gentes...
¡Ay mi Universidad de Sevilla! que deberías ser ejemplo de crítica, de rebeldía, de inconformismo, de ruptura con lo establecido para avanzar en lo desconocido, y te conformas, silente, servil, sumisa, a cambio de la comodidad del "que me quiten lo bailao", del "que me quede como estoy"...
!Ay mi Universidad de Sevilla! que deberías ser ejemplo del "Andaluces, levantaos" y te has instalado en la indiferencia de esa comodidad timorata, cruel, devastadora de un paternalismo mal entendido.
¡Ay mi Universidad de Sevilla! que tanto tanto te quiero, que en tu nombre me matan a críticas.
¡Ay mi Universidad de Sevilla! que de tanto soñarte, amarte, vivirte, disfrutarte... aprendí a no conformarme con verte postrada ante los mediocres que te nombran a diario... sin suspirar por ti
¡Ay mi Universidad de Sevilla!