LA ALACENA
(Texto del discurso de la defensa sobre la propuesta normativa presentada por los claustrales de ADIUS al Claustro del día 30 de marzo de 2016)
Una
alacena. Cuando era pequeño, mis padres, en mi querida Úbeda natal, tenían una
alacena. Esa alacena, era un lugar casi mitológico para mí y mis siete hermanos
y hermanas, pues en ella, mis padres guardaban todo aquello de valor que
consideraban que no debía caer en nuestras manos. La alacena, nos obligaba a
exprimir nuestro ingenio hasta límites insospechados, pues cuanto más alto
conseguíamos llegar, a veces incluso jugándonos el tipo, más arriba y más al
fondo escondían mis padres esos objetos tan deseados por nosotros.
Compañeras y compañeros claustrales, no se pueden imaginar
ustedes lo que me he acordado durante los últimos cuatro años de esa alacena,
objeto codiciado de mi infancia. Porque me he sentido, y me siento otra vez a
día de hoy, como aquel niño que luchaba por conseguir algo muy preciado, pero
todos sus esfuerzos eran en vano, pues siempre que estaba a punto de
conseguirlo, se presentaba ante mí un obstáculo aún mayor. Cuatro años luchando
junto con muchos otros compañeros y compañeras por algo tan justo, tan lógico,
tan sano, tan democrático, tan universitario en definitiva, por qué no decirlo,
como es que se cumplan las normas de las que nosotros mismos nos hemos dotado,
que se pueda pedir que algo se trate y se debata, reuniendo los requisitos
necesarios para ello… y dicho debate y votación tengan lugar, sea cual sea su
resultado.
Aunque soy consciente de que lo anterior no supone un
argumento en sí mismo, he querido que sea mi primer alegato a favor del
sufragio universal y de la propuesta que estoy defendiendo, y sobre todo, un
homenaje a todos aquellos compañeros y compañeras, de todos los sectores,
estudiantes, PDI y PAS, que llevan años luchando, ya ni siquiera por el
sufragio como forma de elección del Rector, sino por su dignidad como miembros
de esta universidad, como representantes, no de segunda como a veces nos han
querido hacer sentir, sino de primerísima fila. A todas ellas y ellos les digo,
que finalmente, tras muchos esfuerzos, y algún que otro chichón, conseguí
alcanzar mi tesoro en la alacena. Va por vosotros y vosotras.
Ahora, debería comenzar a defender nuestra propuesta, a
hablarles del sufragio universal como la mejor forma para elegir al futuro
rector o rectora de nuestra Universidad… pero no puedo… Y no puedo, porque hay
algo más importante, más básico, más primordial de lo que hablarles y que
afrontar antes del sistema de elección… y ese algo no es otra cosa que RESPETO.
Respeto por nuestras instituciones, respeto hacia este Claustro y lo que
representa, respeto por las normas de las que nosotras y nosotros nos hemos
dotado haciendo uso de ese recurso tan valioso, y tan denostado por desgracia
como es la autonomía universitaria. Respeto hacia aquellas personas a las que
representamos porque depositaron su confianza en nosotros, respeto por aquellas
ideas, opiniones o propuestas que, aún no siendo compartidas, deben ser
tratadas con el mismo respeto institucional con el que se tratan aquellas que
parten con el beneplácito del gobierno de la institución.
Si no hay RESPETO (y si pudieran ver estos papeles que estoy
leyendo podrían comprobar que esa palabra la tengo escrita en mayúsculas) hacia
el máximo órgano de representación de nuestra Universidad, no tiene sentido que
sigamos discutiendo sobre cualquier otro asunto. Y a este claustro, a todas y
todos nosotros, a todos y cada uno de sus miembros, se les viene faltando el
respeto desde hace ya demasiado tiempo. El Claustro es nuestro parlamento
universitario, el órgano en el que recae la responsabilidad legislativa, y por
lo tanto, el único responsable de cualquier modificación de nuestras normas. Y
es una práctica habitual en cualquier democracia moderna, que a sus órganos
legislativos lleguen durante un mandato, multitud de proyectos de ley,
provenientes de cualquier grupo, los cuales unos son rechazados y otros no. Les
voy a dar un dato, durante el último mandato del congreso de los diputados, se
presentaron 219 proposiciones de ley, de las cuales la gran mayoría fueron
rechazadas tras su trámite correspondiente de debate, enmienda y votación. Y la
gran mayoría, 211, provenían de grupos de la oposición que a pesar de la
mayoría absoluta que ostentaba el partido gobernante, elaboraron, presentaron y
defendieron sus proyectos en el Parlamento, pues ésa era su obligación y ésa es
la práctica habitual en cualquier sistema democrático. En nuestra Universidad,
en los últimos 4 años, sólo se ha presentado una propuesta normativa que no
partía del gobierno de la Universidad, y todos ustedes ya saben cuál es. Y
dicha propuesta, aún a día de hoy, no ha llegado a este claustro para su
debate, enmienda, y votación. ¿Qué pensarían ustedes de un gobierno que
impidiese sistemáticamente que todas aquellas propuestas que no fueran de su
beneplácito o no surgieran del propio gobierno llegasen a ser debatidas y
votadas? ¿Qué nombre o adjetivo le pondríamos?
Se le ha faltado el respeto, no a los 124 claustrales que
presentaron la solicitud de reforma del Estatuto hace ya cuatro años, no nos
engañemos, sino a todo el Claustro en su conjunto, y por ende a toda la
Universidad de Sevilla. Y no nos engañemos, hoy, en esta sesión, en este
Claustro, continúa y se acentúa esa falta de respeto. Porque aquí hoy, seguimos
sin debatir y votar esa propuesta con los procedimientos y garantías que nos ofrece
nuestra propia normativa. Les lanzo otra pregunta de política ficción si me lo
permiten ¿Qué pensarían de un país en el que su presidente dimitiera, el mismo
parlamento eligiese a un nuevo presidente y éste llegase y decidiese eliminar
de un plumazo todas las reformas ya presentadas e incluso tramitadas
previamente por el parlamento que le ha elegido, y no sólo eso, sino que fuese
él el único que decidiese qué temas legislativos se podrían debatir y tratar a
partir de ese momento, poniendo además como condición, que sólo aquellos que
fueran aprobados en un nuevo procedimiento inventado por él, incierto y carente
de garantías legales, podrían ser elevados y tomados en consideración
posteriormente, imponiéndolos incluso sobre otras reformas o proyectos de ley
presentados anteriormente. Pues eso exactamente es lo que está ocurriendo hoy
aquí.
¿Por qué hay tanto miedo a comportarnos como cualquier
órgano democrático moderno? ¿Por qué tanto miedo a que lleguen a este Claustro
propuestas que no parten del gobierno de la Universidad? ¿Por qué tanto miedo a
aceptar que, cuando se trata del Claustro, las cosas no deben ni tienen por qué
ser siempre cómo y cuándo decide el Rector, sino cómo y cuándo deciden los
claustrales?
Nos estamos dejando faltar el respeto como órgano de
representación y como institución. Llevamos demasiado tiempo viendo pasear
desnudo al emperador ante nosotros, entre el silencio cómplice de la mayoría.
Yo, hoy, con todo el respeto, les pido que pierdan el miedo, que se atrevan a
decirle al emperador que está desnudo. Ni siquiera les pido que apoyen el
sufragio como forma de elección de nuestro futuro rector o rectora, sino que
simplemente, con valentía, alcen su voz y reclamen el respeto que esta
Universidad y su máximo órgano de representación se merecen, y permitamos que
este órgano lleve a cabo sus funciones sin interferencias, y con la más
absoluta normalidad democrática.
Como Universidad, deberíamos ser un referente, un ejemplo de
comportamiento democrático ante la sociedad, pues hoy más que nunca es lo que
se espera de nosotros… y estamos dando un espectáculo bochornoso. Yo hoy quiero
ser el primero que desde esta tribuna le diga al emperador que no me creo que
vaya vestido con su flamante traje nuevo confeccionado con las más exquisitas
vestiduras democráticas… sino que va desnudo. Señor Rector, usted, que pidió
disculpas precisamente por el tratamiento injusto, incorrecto, denigrante que
sufrió la propuesta de reforma del Estatuto presentada hace ya cuatro años,
debería haber enmendado dicho error si sus disculpas fuesen sinceras, y haber
permitido que esa propuesta, y no otras, ni acompañadas de otros temas que nada
tienen que ver, llegase por fin a este pleno y pudiera ser debatida, enmendada
y votada, con toda la dignidad y las garantías que nos ofrece nuestra propia
normativa. Pero usted, señor Rector, pretende liquidar la cuestión sobre el
sistema de elección del rector o rectora, algo que bien sabe que tiene divida,
partida en dos a esta institución desde hace mucho tiempo, en una sesión
express de este claustro, junto con otras muchas cuestiones y propuestas,
relacionadas más directa o indirectamente con la elección por sufragio o por el
claustro, cuestiones que además han sido propuestas y elegidas por usted y sólo
por usted, y que ni tan siquiera han sido sometidas a la consideración de la
Mesa del Claustro que es el órgano que supuestamente está dirigiendo y
regulando este nuevo sistema de reforma inventado por usted.
Yo hoy le digo al emperador que va desnudo, que usted no es
un rector valiente, Sr. Castro. Porque si fuese un rector valiente, hubiese zanjado
definitivamente la cuestión sobre el sistema de elección optando por una de las
dos únicas formas posibles que usted sabe que hay para hacerlo: trayendo a este
claustro de forma exclusiva la propuesta de reforma que pedía la vuelta del
sufragio universal tal como le pidieron hace cuatro años en cumplimiento de
nuestra normativa 124 claustrales, y que por si hubiera alguna duda, volvimos a
solicitar 90 claustrales antes de ayer, o haciendo una consulta a toda la comunidad universitaria.
Usted no es un rector valiente, porque si lo fuera, hubiese comunicado e
informado sobre todo este extraño procedimiento de reforma que se ha inventado
a todos y cada uno de los miembros de la comunidad universitaria, y no sólo a
los claustrales. Usted no es un rector valiente, porque si lo fuera, ante una
cuestión de tanta trascendencia, y que bien sabe usted que ha abierto una
enorme brecha institucional, se hubiera sentado a dialogar de forma sincera
para cerrarla y buscar vías de solución.
Sr. Castro, Miguel Ángel, aún está a tiempo de hacer que me
trague mis palabras, y con toda humildad le pido que yo tenga que volver a
alzar la voz dentro de poco para decir que me equivocaba, que usted es un
rector valiente, muy valiente.
Compañeras y compañeros claustrales, no nos dejemos engañar,
lo que hoy está ocurriendo no es el debate que llevamos tanto tiempo esperando
sobre el sistema de elección del rector o rectora. Aunque sólo sea porque
algunas de las propuestas presentadas, aprovechan la modificación del sistema
de elección para introducir aspectos que nada tienen que ver con el mismo, como
la modificación de los porcentajes de representación en el claustro, con un
drástico recorte a los claustrales del sector B. Y sobre todo, éste no es el
debate ni la forma de hacerlo, porque tras el mismo habrá una votación de la
que aún desconocemos tan siquiera las preguntas que se nos formularán, y que
dependiendo del resultado de la misma, podría ocurrir que una propuesta de
reforma normativa elevada a este claustro con todos los requisitos y garantías
legales que se requieren, hace ya cuatro años, o dos días, como lo prefieran,
se guarde definitivamente en un cajón y nunca llegue a término. Incluso aunque
la mayoría del Claustro prefiriese la elección indirecta a través de este
órgano, como mejor forma para elegir a nuestro rector o rectora, una propuesta
legal en sentido opuesto, presentada en tiempo y forma, merece y debe ser tomada
en consideración por este claustro, al igual que lo son los cientos de
proyectos de ley que se presentan en el parlamento durante su mandato, por
parte de grupos no mayoritarios, y que son tramitados, debatidos, y llegado el
caso, rechazados. Y eso es democracia pura y dura. Porque con ese trámite, los
diputados de los grupos parlamentarios, aunque sean minoritarios, cumplen con
su sagrada función de elevar al órgano depositario de la soberanía popular,
aquellas propuestas en las que han confiado los miles o millones de personas
que les han votado, y que merecen, al menos, ser escuchadas.
Estamos
tan convencidos de que éste no es el momento, ni son las formas, que ante la
situación de desamparo que muchos consideramos que venimos padeciendo a este
respecto, les anuncio que desde ADIUS hemos acudido a la Defensora
Universitaria solicitando su amparo, y en breve haremos lo mismo ante el
Defensor del Pueblo Andaluz.
La propuesta que mis compañeras y compañeros me han pedido
que defienda hoy, es muy sencilla, tan sencilla, como que ni siquiera pide que
confíen en el sufragio como mejor forma de elección del rector o rectora, sino
que pide que por fin ese tema se trate esa cuestión en este claustro con la
dignidad y garantías que se merece. Por ese motivo, y porque no creemos en este
extraño sistema de reforma inventado por el sr. Rector, en nuestra propuesta no
se incluyen ninguno del resto de aspectos sometidos a consideración. Se
presenta la misma propuesta que ya se presentó hace cuatro años, se pide que se
traiga por fin al Claustro en cumplimiento de nuestra normativa, y propone
modificar aquellos artículos y apartados del Estatuto y otras normas
relacionadas imprescindibles para que dicho cambio pueda tener lugar, y
manteniendo los mismos porcentajes de ponderación por sectores que existen en
el claustro actual. Con esta propuesta, el valor del voto total de cada sector,
seguiría siendo el mismo que con el sistema actual de elección indirecta.
Compañeras y compañeros del sector C: en los últimos meses he escuchado muchos
comentarios sobre el temor a que con el sufragio, el voto de los estudiantes
perdiese valor con respecto al sistema actual, en absoluto es así con la
propuesta que defendemos, y no sólo no es así, sino que en una elección por
sufragio y manteniendo la misma ponderación que hay en la actualidad, el voto
de los estudiantes de la Universidad de Sevilla seguiría siendo el que más peso
tiene entre todas las universidad de nuestro país.
Que yo les diga que creo firmemente en que el sufragio es la
mejor forma de entre las dos que permite actualmente nuestra legislación, no es
ningún secreto, ya me conocen y me han escuchado y leído en multitud de
ocasiones, y no es algo que no tenga valor en sí mismo. Pero quizás sí tiene
valor el hecho de que cada persona de nuestra comunidad universitaria tenga la
oportunidad de decidir libremente por el programa de gobierno que crea que es
mejor para nuestra institución, sin tener que depender de la buena voluntad de
que sus claustrales electos le trasladen dicha pregunta. Quizás también tiene
valor esto que tengo en mis manos: hace cuatro meses, lancé una recogida de
firmas en el portal change.org pidiendo al futuro rector o rectora y a los
miembros del claustro de nuestra Universidad, la vuelta del sufragio universal
como forma de elección de su máximo representante. En el día de ayer, se superó
la cifra de 1500 firmas. Son más de 1500 firmas con nombre y apellidos, que
aquí y en este momento les dejo, pues van dirigidas a todos nosotros. Podrán
considerar que son muchas o que son pocas comparadas con la cantidad de
personas que forman parte de nuestra comunidad universitaria, pero a los que
piensen esto último, les invito, les aseguro que sin ningún tipo de soberbia, a
que inicien una recogida similar en el sentido contrario. La elección del
rector o rectora por parte del claustro es una elección “a ciegas”, que ni
siquiera se solucionaría con la tan ansiada y necesaria sincronización de
mandatos, pues realmente cuando uno vota a sus claustrales no se sabe qué candidatos
o candidatas se presentarán posteriormente a rector o rectora. La elección por
sufragio universal facilitaría la proliferación de candidatos, y por lo tanto,
de programas, enriqueciendo el debate y la sana y libre confrontación de ideas
y modelos de universidad. Y también me gustaría recordarles, si ustedes me lo
permiten, que si se volviese a la elección por sufragio universal, el Claustro
continuaría asumiendo el resto de todas y cada una de las funciones que tiene
en la actualidad, y que no son pocas ni menores, incluyendo la de controlar la
acción de gobierno del rector o rectora.
Pero hoy, compañeras y compañeros claustrales, me resisto a
pedirles que crean en el sufragio universal como mejor forma de elección, y sí
me atrevo a pedirles un acto de valentía y de generosidad. Si creen en el
sufragio, valentía para defenderlo democráticamente y por los cauces legales
establecidos para ello, y si legítimamente prefieren la elección por claustro,
también les pido valentía y generosidad para comprender y apoyar lo que les voy
a anunciar a continuación. En coherencia con todo lo expuesto anteriormente,
vamos a retirar la propuesta que presentamos en su momento, para darle toda la
carga de fuerza moral, legítima y legal a la propuesta que realmente la debe
tener, que es la que se presentó hace cuatro años, y de nuevo hace tan sólo dos
días por parte de noventa miembros de este claustro, de varios sectores
distintos. Les pido al menos respeto por esta decisión, aunque sólo sea porque
es la decisión de los claustrales de ADIUS que representan a más de la mitad
del profesorado de esta universidad, encuadrado en el sector B.
No estamos rehuyendo ni evitando en absoluto el debate. De
hecho, durante muchos años, hemos sido los únicos que hemos alzado la voz en un
desierto institucional, pidiendo que se abordase y se tratase esta cuestión.
Pero como ya he comentado anteriormente, sincera y honradamente
creemos que es lo que debemos hacer: que aquí se traiga la propuesta presentada en tiempo y forma
en su momento, siguiendo los cauces que dicta nuestra normativa y con el
respeto que se merece.
Como aún conservo buena parte del espíritu de ese niño que
de pequeño luchaba por alcanzar su tesoro en lo alto de la alacena, no pierdo
la esperanza de que pueda por fin llegar el momento en el que se devuelva el
respeto perdido a este claustro durante estos últimos años, y podamos volver a
vernos debatiendo sobre la mejor forma de elección del rector o rectora. Les
emplazamos por lo tanto a dicho momento para debatir con entusiasmo, con rigor
y con lealtad institucional, sobre las ventajas e inconvenientes de cada uno de
los dos sistemas de elección posibles, con la propuesta emanada de claustro
encima de la mesa. Y llegado el momento de la votación posterior, les puedo
asegurar, que si este Claustro vota mayoritariamente en contra de la elección
por sufragio universal, podrán verme a mí el primero levantarme y aplaudir el
resultado con toda sinceridad, y congratularme, junto con todos ustedes, porque
al fin, este Claustro se habrá ganado a pulso…. Su RESPETO. Muchas gracias
